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el otro yo de los héroes infantiles De Peter Pan a La cenicienta, muchos de los personajes de nuestras fantasías infantiles identifican hoy en día patrones de comportamiento negativos e incluso destructivos. La mayoría de estas conductas generalmente son ignoradas por los individuos que las experimentan, pero ello no impide que (en la vida real) la mayoría de estos cuentos tengan un final feliz Texto: Cibelle Cruz |
| Hay que decir que uno de los más entusiastas estudiosos que se inició en la tarea de bautizar síndromes o complejos con nombres tomados de las historietas fue el doctor Dan Kiley, famoso por su libro El síndrome de Peter Pan. Allí este especialista describe un conjunto de características que, apreciables tanto en hombres como en mujeres, identifican básicamente a aquellas personas que se niegan a crecer, independientemente de la edad que tengan. Este y otros síndromes han sido también mencionados como complejos por algunos expertos, como es el caso de la sicóloga clínica Janet Cardozo y del sicólogo y periodista Vladimir Gessen en Psicología para todos. Precisamente por ello, la doctora Cardozo insiste en hacer una distinción no sólo entre ambos términos, sino entre la concepción popular del complejo y su uso en la sicología dinámica: "Los libros de autoayuda en su mayoría asumen al síndrome y al complejo como sinónimos. Pero son distintos. Síndrome es un conjunto de signos y síntomas, como es el caso de la depresión, donde los síntomas son lo que la persona refiere y que no hay forma de medir, mientras que los signos son clínicamente observables, como sucede con la fiebre. A lo que se refieren los complejos es a las pautas de comportamiento rígidas que de alguna manera hacen que la persona tenga algo destructivo en su comportamiento, bien sea social, de pareja, o de otra índole", asegura. Pero, ¿qué es realmente el complejo? A juicio de la doctora Cardozo, no es más que un conjunto de ideas en su mayoría inconscientes, ligadas a fuertes contenidos afectivos, que de alguna forma generan una pauta de comportamiento. Gessen, por su parte, refiere que el término, tomado del sicoanálisis, está definido según el diccionario de Laplanche y Pontalice, como un "conjunto organizado de representaciones y de recuerdos dotados de intenso valor afectivo, parcial o totalmente inconsciente". A la par de estas definiciones coexiste una concepción popular de las mismas, que asocia el complejo con un sentimiento de inferioridad. Suele decirse, por ejemplo, que tal o cual persona es "acomplejada", haciendo alusión, bien sea por su falta de estima o por su exacerbado concepto de sí misma. Pero lo cierto, tal como lo señala Cardozo, es que todos tenemos complejos, lo cual no necesariamente se asocia con algo patológico o mórbido, sino más bien con conductas que se van a particularizar de algún modo dependiendo del estilo de vida. El síndrome de Peter Pan "Actúan en forma similar a Homero Simpson. Se trata de los hombres que se comportan como eternos niños. Cualquiera sea su edad: 25, 40, 60 años, siguen actuando, sintiendo y pensando como adolescentes". De esta manera inicia su artículo "Cuando los hombres se niegan a crecer" el doctor Jorge Mosquera, médico especialista en siquiatría. Sobre Homero, valga decir que es todo un Peter Pan: inseguro, irresponsable e inmaduro, se niega a abandonar su rol de niño y vive por siempre en el País de Nunca Jam ás, como el célebre personaje creado por sir James M.Barrie por allá por 1904, en su novela Peter Pan y Wendy. La historia del niño que no quiso crecer. Otra percepción interesante sobre él nos la presenta Isabel Monzón en el Diario Página, donde esta periodista hace una analogía entre el personaje y el dios mitológico Pan, quien armado de su flauta o caramillo se abandona a los placeres de la tierra para no crecer nunca. Los émulos de Peter Pan pululan por doquier en el mundo real. Se trata de aquellos hombres y mujeres que refugiándose en fantasías imposibles de cumplir, evaden continuamente sus responsabilidades, inclusive hasta mucho más allá de la edad madura. Aun teniendo una pareja y familia, estas personas no sólo culpan a los demás por sus errores, sino que además tienen marcadas conductas infantiles. Según Monzón, esto es porque al igual que Peter Pan son niños perdidos que necesitan depender de otros; porque quien no es contenido en el regazo materno frecuentemente no podrá llegar, por su parte, a contener a nadie. "Tanto es así, que (...) Dan Kiley denominó síndrome de Peter Pan al conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe y no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre. Aunque ese síndrome también se encarna en la mujer, parecería que los varones son más proclives a sufrirlo. Tal vez porque el cuidado de los hijos es considerado, en nuestra cultura, una responsabilidad de las mujeres", dice Monzón. Hasta ahora queda claro que Peter Pan es un inmaduro; no obstante, aunque es un niño según su conducta y en el fondo se siente vulnerable y temeroso, se muestra seguro de sí mismo, incluso un poco arrogante y orgulloso. Puede entrar en una reunión y cautivar instantáneamente: es lo que se dice el alma de las fiestas. Este individuo vibrante y seductor oculta tras su máscara de seguridad y alegría su indecisión e inseguridad. O como bien lo dice Mosquera: "Pareciera ser que el único compromiso que asume Peter Pan es evitar todo tipo de compromiso". Otra visión, la que ofrece la Gestalt, considera a Peter Pan como un personaje cuyo "método de evasión de la experiencia" consiste en considerarse el ombligo del mundo. Félix Sánchez, especialista en terapia gestáltica, dice al respecto que según los procesos de comunicación estudiados por la también gestaltista Virginia Satir, Peter Pan utiliza un modelo que anula al contexto y a quienes le rodean por cuanto su palabra clave es "compláceme". Si lo despiden por llegar tarde al trabajo o quedarse dormido varias veces, le echará la culpa a su jefe o esposa; si se equivoca actuará en forma desmedida e inventará excusas para quedar absuelto. Te quiero como una madre Como lo indica Cardozo, la mayoría de los complejos van aparejados donde lo que subyace es el rol de víctima-salvador. Así, La cenicienta buscará al príncipe, que a su vez necesita rescatar para sentirse más importante, mientras que Wendy será en este caso la madre de su marido. "La historia de Peter Pan y Wendy nos habla del estado de desamparo en el que ambos estaban en el momento de conocerse, queda en evidencia cómo el desamparo opera de motor para la búsqueda del objeto único y el inicio del enamoramiento", dice Monzón. Y agrega: "Wendy era la mayor. Luego nacieron Juan y Miguel. La ambivalencia del señor y de la señora Darling con respecto a sus hijos se nos hace evidente: para decidir si se quedaban o no con ellos, ante cada nacimiento hacían y rehacían las cuentas que implicaban su crianza. Asimismo, vemos a papá Darling claramente rechazante y celoso de los niños en esta escena donde dice: `Te advierto querida que si no consigo anudar la corbata en torno de mi cuello, no podré volver a la oficina. Entonces, tú y yo nos moriremos de hambre y nuestros hijos serán arrojados a la calle'. Lo que pretendía era que su esposa dejara de atender a sus hijos para dedicarse a él. Además, el padre de Wendy padecía de verdadera sed de admiración. Notamos que Peter se ajusta perfectamente a esta característica. Por otra parte, la escena de la corbata transcurre minutos antes de la visita de Peter en la que se realiza la conquista. Wendy queda abando nada y excluida por sus padres. Es el momento propicio para el vuelo". Desde su viaje al País del Nunca Jamás, Wendy pasa a ser entonces la madre de Peter; quien sustituye en su fuero interno a la madre que no aparece en la historia, y quien, por tanto, asume las responsabilidades que Peter no digiere. Y aunque esto ha hecho que se asuma a las mujeres Wendy como las más afectadas por la trama que se arma entre ambos, el doctor Mosquera no comulga con la idea de quienes enfocan el problema desde el punto de vista de que las esposas son víctimas de sus maridos. Por el contrario, asegura que es un enfoque erróneo, ya que las mismas mujeres pueden estar realimentando el problema al hacerse cargo de lo que le corresponde a ellos. Por otra parte --indica-- esta visión sugiere una idea distorsionada del rol materno que alienta la aparición del Síndrome de Peter Pan. La única manera de que el inmaduro Peter pueda salir a flote, parece ser que encuentre a una mujer Campanita. Al menos eso es lo que piensa Cardozo, quien señala que ella tiene la posibilidad de alertarlo para que cambie bajo la amenaza de abandonarlo. "Ella puede ser una figura protectora pero no quiere ser la madre, quiere ser su pareja. En cambio, Wendy le hace el complemento perfecto porque ella necesita proteger, ser la madre", sostiene la especialista. Mis cenizas por un reino La famosa historia de amor donde la princesa que, amiga de los ratones y maltratada por la vida, no sólo halla a una dadivosa hada madrina sino al príncipe que la hará por siempre feliz, identifica nada menos que a la versión femenina de Peter Pan: a La cenicienta. Esta mujer, que al igual que el protagonista de sir Barrie, es la eterna adolescente, siempre vive con sus padres, no consigue pareja y cumplidos 35 o 40 años quiere continuar con la dependencia, por lo que busca parejas-padres. Y si bien el cuento original remite a una desvalida mujer, y el síndrome se asocia generalmente con el sexo femenino, hay que hacer una pequeña advertencia al respecto: "No todas las cenicientas son mujeres o los Peter Pan hombres; así como hay mujeres Peter Pan, hay hombres cenicienta", asegura Cardozo. La diferencia con Peter Pan estriba aquí en el objeto mismo de los anhelos de la víctima: conseguir un príncipe azul que aparezca de la nada en un corcel blanco y veloz para alejarla de su atribulada vida para siempre. "Cenicienta no intenta desarrollarse mediante el trabajo y el esfuerzo personal, sino que pone toda su ilusión en encontrar un hombre lindo, simpático y adinerado que cumpla todas sus fantasías y mágicamente", opina al respecto el doctor Mosquera, quien agrega un dato nada alentador: ese príncipe de quien Cenicienta se enamora perdidamente y que la atrapa inmediatamente con su brillante sonrisa, no es más que un Peter Pan, con las consecuencias que una unión semejante puede acarrear; pues en esta pareja, en la que ambos están a la espera de que sea el otro quien se haga cargo del trabajo, esfuerzo o sacrificio necesario, termina con recriminaciones y acusaciones de ambas partes, y, por supuesto, con una honda sensación de fracaso. Para Cardozo, esto obedece a que habiendo vivido bajo un patrón muy rígido de comportamiento desde la infancia, una cenicienta nunca será una princesa verdadera, pues aunque halle al príncipe que la saque de su mundo de cenizas, no habrá aprendido a desarrollarse con sus propios recursos, sino que siempre dependerá de otro. "Y el encantamiento bien se puede acabar a las 12 como en cualquier otro momento, porque cuando la pareja encuentra a alguien más proactivo, que le genere mayor satisfacción, simplemente la deja y ella sigue en su mismo rol", agrega. Ponerle el cascabel al gato En la mayoría de los complejos descritos destaca un elemento importante: ninguna de estas personas asume que tiene una pauta de comportamiento inadecuada. Esto se d ebe principalmente a que sus hábitos y actitudes se han ido conformando desde la infancia, por lo que su modificación no está en una botella mágica, presta a salir danzando con el primer deseo. Justamente, según la terapia gestáltica, aquí es por donde todo comienza: "Todos los modelos tienen su carga negativa y positiva. Es negativo cuando estás en uno de los polos permanentemente, cuando no te das cuenta. Pero uno de los principios de la terapia gestáltica es `darse cuenta'; la persona que está en terapia aprende a darse cuenta de la situación, de lo que está pasando en el ambiente y cuando se responsabiliza de su problema, la situación negativa disminuye. Hay que aprender a ver, a escuchar, a tocar la situación y que sea ella la que decida.", dice Félix Sánchez. Cardozo, por su parte, habla de la necesidad de una influencia externa para que estas personas puedan salir de sus personajes: o la pareja, o los padres o los golpes de la vida. "No es fácil porque son patrones rígidos de comportamiento a lo largo de la vida que conforman un estilo, una forma de ser. Cuando es egosintónico (ego=yo sintónico= que cuadra, sintoniza) es mucho más difícil de tratar, mientras que si es egodistónico la persona intenta cambiar". Finalmente, Mosquera recomienda una terapia sicoanalítica o conductual que permita que la persona comprenda por qué actúa de determinada manera y qué lo lleva a comportarse así. "Si Peter Pan ya ha tomado conciencia de su problema, una terapia individual puede ser de gran ayuda. En un matrimonio, puede ser conveniente comenzar con una terapia de pareja para evitar el error de considerar que el problema es solamente de uno de los integrantes de la misma". Y si es toda la familia la que refuerza los roles, entonces será válida una terapia familiar: todo sea por desentrañar la maraña de conductas erróneas y llevarlas al diván.
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