Las mujeres y el éxito social
Prueba superada


El éxito es un tema complejo que se asocia con el logro de las metas propuestas. A veces parece estar destinado a sólo unos pocos, poseedores de actitudes particulares. Por eso cabe preguntarse, ¿es el éxito privilegio de los hombres?, ¿pueden las mujeres aspirar a triunfar socialmente sin perder su identidad femenina?

En el mundo actual, tal y como vivimos en la mayoría de las sociedades, es claro que los roles de los hombres y mujeres difieren mucho, aunque hay casos en lo que uno hace que bien puede ser realizado por el otro. Hombres que cocinan y mujeres que mantienen el hogar ya no resulta un hecho extraño, aislado o inusual.
Todos nacemos con talentos potenciales desarrollables que van siendo estimulados o inhibidos al tenor de las tendencias culturales que se manifiestan en la crianza y la socialización: al varón se le estimula a desarrollar una actitud práctica, lógica, luchadora, independiente y competitiva, orientada hacia las metas; mientras que la mujer aprende a ser dócil, complaciente, obediente, emotiva, pasiva y orientada a los procesos. Para él la calle, la casa para ella. El aprende a lograr objetivos y ella a apoyarlo; el manda, ella obedece.
Sin embargo, los estudios científicos, la globalización y el fracaso de las tendencias individualistas y fuertes han estimulado una mayor participación de la mujer, sobre todo a partir de los años sesenta cuando se puso en boga la corriente feminista, que con la rabia como emoción justiciera pretendía equiparar a las mujeres con los hombres, muchas veces creando severas confusiones de identidad y convirtiendo a muchas en clones incompletos poco adaptados socialmente.
A pesar de este intento que dejó saldos positivos y negativos, las mujeres siguen dilucidando y desenredando la dualidad entre ser amas de casa y madres amorosas e integradoras y apoyadoras, o convertirse en ejecutivas capaces, proactivas y competitivas, listas para ser medidas por sus resultados, aunque lleven a cuestas el riesgo de ver desmembrada su familia.
En su libro El éxito tambien es para las mujeres, Margarita Hernández y Dolores Riva Palacio afirman que el trabajo en la calle, el desempeño de dos roles sociales, produce en las mujeres una gran tensión interior, ya que las pone en una situación de enfrentar obligaciones durísimas y asumir el control de la propia vida, en vez de esperar que algún hombre "más inteligente, preparado o fuerte" venga a hacerse cargo y las mantenga.
Sobre el tema de la responsabilidad de la mujer consigo misma, Esther Vilar ya había escrito en El varón polígamo: "Son muchas las mujeres que siguen soñando con un príncipe azul que las rescate, las mantenga y les ahorre el esfuerzo de trabajar, ya que es mucho más fácil y cómodo dedicar el tiempo a verse bonitas, a ser buenas, complacientes, y a ayudar a otros a lograr sus sueños, sacrificando los propios. En fin, dedicarse a ganar la aprobación del hombre, que ocupa el lugar de proveedor o abastecedor del hogar".
De acuerdo con estos y otros análisis, se desprende que muchas mujeres carecen de autoestima, no confían o reconocen sus capacidades, y pueden llegar a asumir el trabajo doméstico como pretexto para no arriesgarse al competitivo mundo social que les exigiría preparación, riesgo y decisiones nuevas e incómodas.
Entonces, ¿es favorable o limitador que en su gran mayoría las mujeres de estas latitudes sean educadas para proteger y no alterar la tranquilidad de la familia? Creo que cada mujer debe tomar su propia decisión, y elegir si se queda en satisfacer expectativas externas para evitar el qué dirán, u optar por ser ella misma y superar el esquema clásico que nos dice que el éxito no es compatible con la naturaleza femenina.
Cada decisión encarna riesgos y responsabilidades. La calle las enfrenta a la fiera competencia de los hombres y las lleva a endurecerse, sentirse culpables por ambiciosas y por no estar con los hijos, aunque puede acostumbrarlas socialmente y garantizarles un nivel socioeconómico alto, si pagan el precio de prepararse, estudiar, aceptar presiones permanentes e invertir mucho tiempo y energía.
Trabajar en casa puede hacerlas sentir seguras y felices de su actitud nutridora, o que experimenten culpa por no producir su propio dinero y tener entonces que depender del hombre mientras lidian con los quehaceres domésticos. Algunas, que han intentado dedicarse a todo a la vez y han probado el rol de la supermujer atendiendo la doble jornada trabajo-casa, se han topado de frente con el estrés que suele conducir a la desesperación y en muchos casos a la enfermedad. Son los deseos, intereses y necesidades individuales y familiares los que privarán a la hora de tomar el camino de develar el llamado "complejo de Hamlet": Ser o no ser.
¿Y hay solución? Para Hernández y Riva Palacio, sí la hay. Ellas sugieren: definir el tipo de éxito que se desea, tener objetivos claros, planificar la forma de funcionamiento que se emprenderá, actuar con tenacidad y desarrollar habilidades para comunicarse. Además, se requiere deshacerse de la culpa por no estar en casa, aprender a ambicionar más, confiar en las propias capacidades, huir de la dependencia y la comodidad, trabajar basándose en el esfuerzo y el talento, educarse y, sobre todo, seguir los intereses propios y no los de las otras personas. Con respecto a la pareja, las autoras aconsejan a las mujeres elegir un tipo de hombre que las apoye en vez de impedir su crecimiento.
En uno de sus mejores libros, Controle su destino, Anthony Robbins nos insta a hacernos las preguntas correctas para encontrar las respuestas correctas. Algunas de esas pueden ser: ¿Qué tipo de éxito deseo?, ¿dónde lo puedo encontrar?, ¿qué puedo hacer para lograrlo?, ¿qué parte de mí debe cambiar o morir para que se desarrolle la que necesito realmente?
Trascender o cambiar hace necesario cuestionar lo que hasta ahora era válido, ese es el caso de los mensajes tradicionales como: debes casarte, tener hijos y dedicarte ciento por ciento a ellos; debes obedecer ciegamente a tu pareja; debes quedarte en casa y colocar a los demás en primer lugar. Sólo así, revisando y modificando la programación que hay en su mente, eligiendo con integridad y actuando con tenacidad, la mujer podrá aspirar a obtener un lugar más acorde con sus infinitos talentos y posibilidades. Por supuesto, si nosotros los hombres nos hacemos más comprensivos, respetuosos y empáticos, podríamos contribuir y facilitarles la carga. A todos nos conviene que así sea.?

(*) El autor es comunicador,
escritor y asesor de imagen
e-mail: rennyyago@eldish.net


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