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En el siglo actual el sicoanálisis retornó a la importancia de los sueños, encontrando en ellos una significación coherente bajo fundamentación científica", tal como sostiene el sicoanalista Fernando Batoni. Pero, además, debemos a Freud el inicio de la investigación de este importante fenómeno mental y de su utilidad dentro del proceso de conocimiento personal.
La tesis fundamental de Freud, volcada en su obra maestra La interpretación de los sueños, destaca que el sueño no es más que el intento de satisfacer deseos reprimidos de contenido sexual, correspondientes a la etapa infantil, que han sido desencadenados por situaciones vividas en los días inmediatamente anteriores.
El gran protagonista de todo ese fenómeno que se desata mientras dormimos es el inconsciente. El doctor en antropología cultural Joseph María Fericgla, destaca al respecto que el inconsciente humano contiene los pensamientos más primarios y a la vez sinceros que se manifiestan por imágenes absurdas y cargadas de emociones.
Aunque entre las diversas escuelas de sicología hay diferencias en cuanto a la definición del inconsciente, algo que se sabe a ciencia cierta es que funge como una especie de almacén en donde se encuentran nuestras "pulsiones básicas", es decir, los deseos insatisfechos acumulados desde el día en que nacemos. Los contenidos dentro de él tienen como características que son inaccesibles de forma voluntaria; que no están ligados a restricciones morales y que son inadmisibles y, por tanto, reprimidos, o como bien lo expone Fericgla: "Lo que de día no puede ser aceptado nos invade en la nocturnidad por medio de los sueños". Según esto, los sueños serían entonces mensajes emitidos desde esa gigantesca parte oscura de nuestra mente; cuando los recordamos es porque han sido cargados de la suficiente "energía síquica" como para saltar la barrera de la inactiva conciencia nocturna.
Fericgla expone un buen ejemplo para comprenderlo: "Nuestra mente despierta actúa como un tenaz censor. Así, la censura es un muro entre lo consciente y lo inconsciente, un guardián que aísla la antecámara donde se amontonan los deseos inconscientes del bello salón donde habita la Señora consciencia (...) su misión es deformar el sueño para que no moleste demasiado a la Señora".
Procesos mentales
Según la explicación de Fericgla, el trabajo del vigilante que separa el salón de la antesala consiste en filtrar severamente todo lo que entra a la consciencia. Por eso, cuando nuestra mente sueña, lo que hace es transformar el contenido del sueño en imágenes absurdas que debemos interpretar y asociar para llegar hasta el verdadero meollo del asunto. Tal como él lo explica, la censura del vigilante se lleva a cabo a través de cuatro procesos:
Condensación: transforma varios contenidos importantes del sueño en un detalle. (Varios peces congelados en la casa de la familia pueden representar que hay elementos "helados" que no quieren ser tocados aunque el inconsciente así lo reclame).
Sustitución: convierte emociones muy intensas en detalles banales. (La persona realiza varias cosas en el sueño mientras lleva un sombrero rojo. El rojo representa la ira, puede que algo en su vida esté teñido por ella).
Identificación: hechos o personas importantes para el soñante son representados por metonimias (un carpintero fabrica muebles con martillazos brutos: el rudo padre del soñante era ebanista).
Inversión: consiste en ofrecer una imagen contraria a la realidad (todo el mundo ríe y la ciudad está teñida de colores: puede que en el interior el que sueña esté triste y angustiado).
Otra dimensión que expone el siquiatra Gonzalo Himiob, adscrito al Centro de Estudios Junguiano, tiene que ver con los contenidos del sueño de manera general. Según el experto, se denomina como "contenido latente" al secreto vital que éste contiene, lo que está oculto en el inconsciente pero que desea ser revelado, mientras que lo que es posible recordar en la vigilia sería el "contenido manifiesto". De esta manera se establece un proceso de elaboración que va desde el instinto, la pulsión o el deseo que busca expresar el sueño a lo que el mismo sueño manifiesta.
Lenguaje personal
La parte más profunda de nuestra mente, el inconsciente, se expresa haciendo uso de imágenes en una representación teatral imposible pero cargada de vida. Estas imágenes que conforman el sueño, como lo revela el siquiatra Roberto de Vries, son en realidad un lenguaje que está conformado por conocimientos, experiencias, fantasías y por toda una serie de realidades, aunque ubicadas en un segundo plano, debido a que no tenemos conciencia de ellas. A diferencia del lenguaje signal que conocemos (conformado por signos) y con el cual nos expresamos, como el de los alfabetos, "los sueños hablan con un lenguaje simbólico y por eso la gran cantidad de interpretaciones que se le pueden dar a esos símbolos contenidos en los mensajes oníricos", agrega De Vries. Esto quiere decir que en vista de que cada soñante tiene experiencias, entornos y realidades distintas, los símbolos con los que se expresa el inconsciente están cargados de un sentido propio y, por tanto, exentos de interpretación literal.
Al evaluar la procedencia de estos símbolos, Himiob también remite a Carlos Jung, precursor junto con Freud del estudio de los sueños, quien aseguraba que la sique la conforman una serie de elementos reprimidos que una vez, o fueron conscientes, o trataron de serlo. Según esto, la sique se estructurará entonces de acuerdo con las experiencias que cada quien tenga; es lo que se llama el "inconsciente personal o individual", que depende de la historia biográfica de cada persona. Pero, además, existe un estrato más profundo que es el "inconsciente colectivo" en el cual estamos inmersos todos los seres humanos, cuyos contenidos son los llamados arquetipales, que trascienden la subjetividad. "Es como decir que en el fondo todos los seres humanos somos uno solo, pero al mismo tiempo nos expresamos en individualidades, lo cual quiere decir que tenemos contenidos que son comunes a todo el mundo. El lo llama el inconsciente objetivo porque no me pertenece a mí como persona", aclara Himiob.
Para comprenderlo mejor, Fericgla destaca que existen ciertos elementos síquicos que nos recuerdan la historia pasada de nuestra especie y que tras haberse repetido por milenios, han dejado una huella en nuestro inconsciente. De allí la presencia de símbolos oníricos que aparecen en forma reiterada en cada sociedad y que son interpretados en todas las latitudes con el mismo sentido.
Entonces puede establecerse que hay sueños subjetivos, que tienen que ver con la vida, con el ego, con la historia personal; y sueños objetivos, que a su vez se dividen en arquetipales y cotidianos, aunque Jung también hablaba de los sueños premonitorios que arrojan luces sobre algo que acontecerá en el futuro y que sólo pueden ser constatados una vez que se realizan, y de los grandes y pequeños sueños.
Cuando un individuo tiene un "gran sueño", está soñando con algo que involucra a una colectividad. "En Egipto, José soñó con las siete vacas flacas y las siete vacas gordas, e interpretó que habría siete años de sequía y siete de abundancia. En ese momento él tuvo un gran sueño", ilustra Himiob. Por el contrario, un sueño pequeño está circunscrito al mundo personal del soñante y se ve afectado por esa realidad. "Yo tengo que saber si lo que tuve fue un sueño arquetipal, un sueño objetivo o uno cotidiano al interpretar un sueño. Eso complica todavía más las cosas y por eso es que no se puede decir que soñar con caballo o con sol significa tal o cual cosa", concluye Himiob.
Leer entre líneas
"Jung dice que los sueños son brutalmente sinceros y honestos. Que nos dicen lo que es, tal y como es, pero que lo hacen con un lenguaje muy particular que es el simbólico o lenguaje primitivo. Por eso es tan difícil su interpretación, porque lo que hay que ver es qué significa ese sueño para cada persona", explica Himiob. Esto quiere decir que la crudeza de los sueños tiene una complejidad que supera lo evidente; si en un sueño, por ejemplo, aparecen personajes muy próximos a nuestra vida, él no se referirá en realidad a esos seres en concreto, sino a cualidades determinadas que asociamos con ellos.
De Vries adiciona al lenguaje otro aspecto, la cultura, con lo cual puede entenderse que la interpretación de los mensajes oníricos no sólo variará dependiendo del individuo, sino del pueblo y hasta de la civilización. Con el fin de lograr un enfoque más amplio de este fenómeno, el experto adelanta una investigación que cuenta entre sus herramientas con un cuestionario en internet, mediante el cual se indaga sobre 10 aspectos relacionados con el sueño en particular y con la historia del individuo en general.
La idea es realizar un estudio simbólico para compararlo con las grandes mayorías y llegar a una interpretación mucho más clara aplicándole un análisis desde diferentes puntos de vista. "Cuando hay una buena interpretación del sueño se te va al inconsciente y allí moviliza una cantidad de cosas", dice De Vries. Por ello, los cuestionarios diseñados como juegos para la autopista de la información persiguen desarrollar la capacidad introspectiva e identificar los símbolos personales. Asimismo, explica que "cuando se detecta la simbología personal, como lo hizo Jung, y se aprende a manejarla, se toma conciencia sobre la propia imagen; hay un autoconocimiento que se disfruta muchísimo".
Entre los sueños y la vida existe un puente, como bien lo indica Fericgla; así, podremos ahorrarnos el trabajo de resolver en la vida cotidiana todo aquello que luce muy claro tras intervenir en el mundo simbólico de los sueños.
Guía onírica
Himiob, quien en su práctica tanto personal como en el Centro de Estudios Junguiano trabaja en la interpretación de los sueños, explica las mejores herramientas para poder seguirle la pista a todos los mensajes que se desencadenan una vez que la noche nos asalta:
Lo primero es deslastrarse de cualquier teoría o prejuicio y permitir que las imágenes hablen por sí solas. "Cuando un sueño aparece hay que fijarse en la imagen y hablar con ella, que es lo que Jung llamaba imaginación activa", aclara Himiob.
Al sueño hay que verlo desde todos los puntos de vista, tratando de descifrar qué asociaciones hace el soñante. "No se puede interpretar un sueño aislado sino en series. Si yo sueño con un caballo puede significar mi deseo de tener uno, pero también mis instintos. Tengo que decodificar ese símbolo para comprenderlo y al verlo en un contexto podré descifrar lo que está pasando en mi inconsciente, qué está buscando compensar, qué mensaje me esté enviando", explica.
Por otra parte, no se puede analizar el sueño sin tomar en cuenta al soñante: quién es, qué situación está viviendo en este preciso momento. Aunque los diccionarios de símbolos orientan, cada uno de ellos tiene una cantidad infinita de interpretaciones. "De tal manera que no se puede interpretar un sueño sin verlo dentro del contexto de la persona que lo sueña, cuál es su cotidianidad, su historia personal y cuál es la serie de sueños que ese individuo ha tenido en un lapso de tiempo, entre otras cosas".
Al despertar, debe anotarse el sueño sin filtrarlo. Por ello se recomienda mantener una libreta al lado de la cama y escribir inmediatamente lo que recuerda. Al día siguiente habrá oportunidad de elaborar un poco más el sueño.
Para trabajar el sueño lo ideal es hacerlo con un terapeuta o con grupos de trabajo para realizar asociaciones libres y un autoanálisis, pues hay que recordar que en los sueños proyectamos justamente aquello que no quiere aceptar la consciencia y es mucho más difícil en solitario. |
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