Práctica de tiro

Disparar puede ser un deporte, una necesidad, una obligación, una diversión, un hobby o una terapia antiestrés, todo depende de las intenciones de cada quien. Por esta razón, es importante conocer plenamente las ventajas y desventajas de esta práctica antes de "jalar" del gatillo

Más de uno habrá soñado alguna vez con tener una pistola a la mano para dispararle a su jefe, al ladrón que le arrebató la cartera o al fulano que le chocó su auto y se dio a la fuga. El punto es saber, más allá de la situación hipotética, si con pistola en mano sería capaz de hacerlo.

Las armas de fuego, como la mayoría de artefactos, nacieron de la necesidad, en un principio, de supervivencia, porque había que cazar animales para poder subsistir. Luego vino la necesidad de autodefensa. Después se convirtió en una diversión, entiéndase hobby o deporte, y más recientemente para muchos representa la posibilidad de experimentar una especie de descarga del estrés en medio de una ciudad donde muchos quisieran tomar la justicia por su propia mano.

 

¿Asesinos por naturaleza?

Hay dos motivaciones que están presentes en el deseo de disparar: una es el instinto de cazador y la otra es la defensa. En ambos casos se trata de una necesidad de supervivencia.

También hay dos tipos de tiradores: los civiles y los que pertenecen a cuerpos de seguridad. Dentro de los primeros hay varias categorías: los deportistas, los exhibicionistas, los responsables y los delincuentes. Entre los segundos se hay diferentes clases que van desde francotiradores (que disparan desde distancias superiores a 300 metros de distancia) hasta los llamados "hombres moscas", encargados de abrir paso en situaciones de rescate.

En el caso de los organismos de seguridad como los militares, y específicamente cuando de combate cercano se trata, su condición les permite llevar un arma consigo. El disparar es parte de su entrenamiento integral y constantemente se refuerza, más aún si el personal está ubicado en las áreas de protección de altas personalidades.

Otra diferencia entre el civil que practica el tiro como deporte o hobby y las fuerzas castrenses es que en el primer caso las situaciones son hipotéticas, mientras que para los segundos son potencialmente reales.

Por otra parte, cuando un civil busca instrucción en este campo es porque quiere aprender a usar el arma correctamente. Son contadas las excepciones en que las personas se acercan al tiro luego de ser víctimas de alguna experiencia delictiva.

Según Lucio Herrera, coordinador de instructores de la Galería de Tiro Magnum: "Cuando una persona recibe instrucción aprende prevención; es decir, a usar el arma sólo cuando la situación lo amerite; además, de técnicas y tácticas adecuadas y aspectos legales del porte y uso de arma".

Asistir a una galería de tiro es enfrentarse a situaciones imaginarias, aunque el arma sea de verdad. Es por esto que la máxima dentro de este tipo de clubes es la seguridad, ya que todos sus miembros portan armas, y antes de ingresar se lleva a cabo un estricto proceso de selección que incluye todos los aspectos del individuo, poniendo énfasis en su parte psicológica o emocional.

 

Juegos de guerra

Para el psicólogo Pablo Espinoza, el militar está preparado para atacar e inutilizar el mayor número de personas, mientras que el civil –que recibe instrucción– pone el énfasis en la defensa.

Los uniformados no ven al disparar como una terapia antiestrés, muy al contrario, se trata de situaciones estresantes, porque son reales y no hipotéticas como en un polígono o galería.

De acuerdo con el capitán Yerson Jiménez, instructor de la Escuela de Operaciones Especiales de la Guardia Nacional en Macarao, el tirador debe tener una puntería certera, agilidad, sangre fría y rápida capacidad de reacción.

En esta escuela se entrena un personal digno de cualquier película hollywoodense y abarca varias disciplinas y especialidades, desde francotiradores hasta expertos en rappel. En este sentido, se escoge a los treinta mejores de cada promoción antes de graduarse, una vez con el título regresan para un entrenamiento adicional, y posteriormente se hace una nueva selección para obtener de cinco a siete hombres que serán los instructores.

Pero no sólo es el ataque lo que predomina en los cuerpos de seguridad del Estado, hay grupos especializados en la defensa, cuyas maniobras consisten en la protección de personas importantes.

Para proteger a una personalidad se requiere que los guardaespaldas sean de estatura superior o al menos igual a la de la persona a resguardar. El entrenamiento provee al oficial de técnicas y tácticas para sortear las más inverosímiles situaciones, pero que pueden suceder en la realidad: desde un intento de atentado en un vehículo, pasando por el rescate en un lugar cerrado, hasta escapes entre una muchedumbre, enfrentarse al hecho de quedarse sin municiones y alternar armas.

Estos cursos son muy exigentes desde el punto de vista físico y psicológico, de modo que no cualquiera califica para realizarlos.

 

Un deporte inofensivo

Generalmente, los civiles que poseen armas lo hacen por dos razones: hobby o deporte y defensa personal.

Una de las modalidades más populares del deporte de disparar es la de tiro práctico, consistente en recrear situaciones imaginarias donde se deben sortear diferentes obstáculos. La idea es salir del escenario en el menor tiempo posible, acertando en el blanco la mayor cantidad de veces.

En el tiro práctico se mide la precisión (mejor puntería), la potencia (arma más potente, más dificultad) y la velocidad (menos tiempo).

Según el psicólogo Pablo Espinoza, el tiro como deporte o hobby le ofrece a la persona las siguientes ventajas: enfrentarse a sí mismo –no hay contrarios reales–; se descarga la presión porque se trata de una ilusión; se libera la angustia, se beneficia la concentración y se desarrollan hábitos de prevención.

Por otra parte, según De Majo, se adquieren destrezas físicas como en cualquier otro deporte, ya que hay que correr, desplazarse, agacharse, saltar, etcétera. "Es divertido, pero lo más importante es que es un reto individual. No te enfrentas a nadie más que a ti mismo", expresó.

El disparar puede convertirse en un vicio muy sano porque la descarga de adrenalina es constante y para quienes lo practican esta es la mejor forma de liberar la tensión.

 

El lejano oeste

La tenencia de un arma puede darle a la persona un exceso de confianza en sí mismo, hecho que en un momento determinado puede ser perjudicial.

De acuerdo con el psicólogo Pablo Espinoza, las desventajas de andar armado están relacionadas con el tipo de persona. "Si el individuo desplaza su inteligencia hacia la pistola, evidentemente, es negativo y si es un exhibicionista, el arma puede convertirse en un boomerang para él", aseguró Espinoza.

En el caso de un delincuente primario, la pistola es vista como un instrumento de trabajo, y como el individuo generalmente está bajo los efectos de la drogas, esto le proporciona dosis extra de seguridad en sí mismo.

"Una persona que sabe disparar no hace uso de su arma al menos que esté seguro de controlar la situación y de que no ocasionará daños mayores, expresó Enrique de Majo, integrante del Consejo de Honor de la Liga Nacional de Tiro Práctico."

Para Lucio Herrera, la solución en materia de seguridad personal no es armarse, sino prevenir. Aunque hay que aclarar que cada día es mayor el número de personas, sobre todo mujeres, que se dedican a esta práctica, tal vez porque el estar armadas les da mayor confianza en sí mismas.

Cabe destacar que existe una creencia generalizada que indica que si una persona posee un arma de fuego pareciera que el hecho la convierte en un ser invulnerable o hasta casi inmortal. Lo cierto es que conocer el verdadero valor de un arma supone un aprendizaje sobre las propias fortalezas y debilidades. Así "el individuo se hace más responsable porque le da el papel justo a la pistola", expresó Herrera.

 

Licencia para matar

Es de destacar que las armas no pertenecen a las personas que las compran o las portan, sino al Estado. Por esto, el permiso o porte de arma no es un documento de propiedad sino un registro con los datos de la pistola o revólver y del individuo que la lleva.

Existen dos tipos de permisos, ambos expedidos a través del Ministerio de Relaciones Interiores, uno es el deportivo y el otro es por defensa personal.

De acuerdo con Enrique de Majo, aquellos que no poseen un permiso, tácitamente, poseen una herramienta para matar impunemente.

Para poder obtener el porte de arma –que en ningún momento se trata de permiso para matar– la persona debe poseer conocimientos teórico-prácticos sobre la materia, además de ser sometida a un estudio psicológico a fin de determinar si está en capacidad o no de llevar consigo un arma de fuego sin correr el riesgo de convertirse en un asesino en potencia.

De acuerdo con Pablo Espinoza, las pruebas psicológicas buscan explorar la estabilidad emocional de la persona, el autocontrol, su madurez emocional y detectar conductas de riesgo o trastornos mentales como psicosis, neurosis o paranoias.

Si se ha tomado la decisión de portar un arma, ya sea por deporte o por defensa, lo fundamental es la instrucción, dado que del conocimiento nace el respeto, y un arma utilizada con ignorancia es un poder que se puede revertir en contra de quien la dispara.

No todos los tiros son iguales

Existen diferentes especialidades en lo que a tiro se refiere, entre las cuales destacan las siguientes:

- Tiro defensivo: la persona aprende técnicas y tácticas de uso y porte de armas.

- Tiro práctico: deporte en el que se recrean situaciones hipotéticas en canchas especiales, las cuales se deben atravesar en el menor tiempo posible y con la mayor asertividad en los blancos.

En este caso existen tres modalidades, de acuerdo al tipo de arma que se utilicen:

Open: pistolas modificadas a nivel de mecánica y de mira (compensadores, miras electrónicas y ópticas).

Standard: pistolas que se utilizan como salen de la fábrica.

Modificadas: con cambios a nivel de mecánica solamente.

Perfil de un tirador

Los requisitos para ingresar a un club o galería de tiro, como en el caso de Magnum, son muy específicos y el criterio de selección es bastante estricto.

En su mayoría, asisten profesionales, personas con edades comprendidas entre 18 y 60 años, del sexo masculino, aunque en los últimos tiempos se ha incorporado un buen número de féminas a esta práctica.

Aparte de la prueba psicológica que se aplica a los aspirantes a pertenecer a este selecto grupo de tiradores, se investiga su entorno socioeconómico, dónde vive, dónde trabaja cargo que desempeña, entre otras datos.

El grupo resultante es bastante homogéneo y en él destacan personas de alto riesgo: como jueces, abogados penalistas o altos ejecutivos que por su profesión o posición social son blancos potenciales de acciones delictivas.

De acuerdo con Pablo Espinoza, en general, los interesados en esta práctica son personas estables emocionalmente, responsables y con mucho autocontrol.

Finalmente, cabe destacar que estos establecimientos tienen un fuerte reglamento, de modo que la menor falta acarrea la expulsión.


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