![]() |
|||||
![]() |
|||||
![]() |
|||||
|
Vuelos no tradicionales Volar siempre ha sido un sueño compartido por la humanidad entera. Y como el homo sapiens no puede surcar los aires por sí mismo, ha recurrido al ingenio para crear estructuras simplificadas, casi extensiones del cuerpo que cristalizan ese viejo anhelo y que hoy en día le permiten conquistar los dominios de los dioses: los cielos |
|||||
|
El rey Minos de Creta le ordenó a un arquitecto llamado Dédalo construir un laberinto que no tuviera salida para encerrar a su hijo monstruo: el minotauro. Dédalo y su hijo Icaro cumplieron la labor. Sin embargo, el rey Minos no creyó que el laberinto no tuviera salida y para no correr riesgos los mandó a encerrar en el mismo. La única solución era salir volando de ahí y para eso mataron algunos pájaros y construyeron unas alas con plumas y cera. Una vez en el cielo Dédalo le advirtió a Icaro que no se embelesara con el sol, pero éste no le hizo caso y voló tan cerca del astro rey que el calor le derritió sus alas e Icaro cayó al mar y murió ahogado. Así la mitología griega narra el episodio del deseo del hombre por volar, al tiempo que hace una especie de advertencia: no creerse invencible o en todo caso lo que no se es, es decir un ave. Hoy en día, más allá de los aviones, prácticas como el paracaidismo, el parapente, el ultraliviano y, por supuesto, el ícaro, tienen en común proveer al ser humano algo que la naturaleza le negó: alas, y regalarle a la vez la posibilidad de disfrutar la fantástica experiencia de volar. Vistas desde cerca, estas disciplinas no resultan tan riesgosas o peligrosas como parecen. Lo más difícil es aventurarse a dar el primer paso o, mejor dicho, el salto.
Caída libre
El paracaídas, por su parte, es un dispositivo que sirve para minimizar la velocidad de caída libre que trae el cuerpo, de modo que el aterrizaje sea más suave que bajar un escalón, aunque en la actualidad existen algunos paracaídas que permiten un vuelo limitado con cierto margen de desplazamiento, mientras se está en el aire. Para Ygor Almeida (coordinador) y Mariuschka Lovera (instructora), de la Escuela de Paracaidismo Cliff, ubicada en San Juan de los Morros, esta actividad es bastante segura. "Hoy en día existen dispositivos tan sofisticados que las probabilidades de que el paracaídas no se abra son infinitamente remotas", aseguró Lovera. Generalmente se tienen dos paracaídas: el principal y el suplente. Es muy difícil que el primero no abra, y si es así el segundo debe abrir normalmente. Asimismo, existe un sistema de tipo electrónico que cuando a cierta altura la velocidad es superior al límite establecido, automáticamente se abre el paracaídas. "Estos dispositivos de seguridad tienen como finalidad darle mayor confianza a la persona, aunque el temor desaparece una vez que se está en el aire", explicó Almeida. Por otra parte está el maestro de salto, quien acompaña a la persona y decide cuándo está preparada para realizar solo la actividad. No existe ninguna limitación física o de edad para saltar. Para los menores se requiera permiso de sus padres y lo mínimo en salud: no padecer problemas cardíacos, además de tener muchos deseos de hacerlo. De acuerdo con Mariuschka Lovera, muchas personas se acercan a esta disciplina para vencer el miedo a las alturas, para desestresarse o para vivir nuevas experiencias. Aunque parezca raro, la mayoría de las personas que se interesan en la actividad son ejecutivos o gente que trabaja en oficinas y que no tiene nada que ver con los llamados deportes extremos, aseguró la instructora. En cuanto al riesgo que se corre, Almeida enfatizó que los percances son mínimos, lo que sucede es que cuando pasan la impresión es mayor. "Estamos acostumbrados a los muertos por accidentes de tránsito, que son muchos y seguidos. Existen mayores peligros en la cotidianidad que en el paracaidismo. En esta misma idea, Lovera aclaró que, como en todo, existe un margen de riesgo "porque somos humanos y podemos equivocarnos. Por lo general, la falla en caso de que suceda está en la persona no en el equipo". Ambos coinciden en que la diferencia con otras disciplinas es que en esta realmente la persona consigue volar con su propio cuerpo.
Segunda generación El parapente tiene sus orígenes en el paracaidismo. De hecho, la forma semielíptica es en algunos casos bastante similar. Sin embrago, la principal diferencia es que con el parapente se puede planear por mayor tiempo. Es posible mantenerse en el aire y desplazarse. Se trata de un paracaídas perfeccionado en el que la persona pareciera ir suspendida, pero en realidad se encuentra semisentada, como en un columpio. Otra característica importante es que el parapente es dirigible, gracias a un sistema de cuerdas (una a cada lado) que permiten los movimientos de rotación y traslación. De acuerdo con Miguel Martínez, experto parapentista, esta disciplina nació en Francia cuando grupos de escaladores utilizaban una suerte de paracaídas para no tener que bajar de las montañas. Asimismo, la NASA contribuyó mucho con el invento, ya que el sistema de aterrizaje de las cápsulas espaciales incluye paracaídas. "Actualmente, el diseño y construcción de los parapentes está en el tope de la tecnología. Se hace uso de computadoras y se estudian los materiales más idóneos para la elaboración", aseguró Martínez. Según el parapentista, existen tres tipos de vuelos básicos: el técnico, que consiste en aprovechar las corrientes de aire ascendente; el soaring, en el que se aprovechan las corrientes de aire que suben por las laderas, y el de relación, que es planear hasta aterrizar. La sensación señaló Martínez es indescriptible y la principal motivación para acercarse a este tipo de deporte es la necesidad de sentir experiencias nuevas. "No me gusta hablar de deportes extremos o de alto riesgo, son más bien no tradicionales. Los accidentes que pueden ocurrir se deben a exceso de confianza. El miedo se combate con el conocimiento". En este caso, el despegue se hace desde laderas o ayudado con alguna grúa de remolque. En Venezuela esta disciplina se practica en La Victoria, Oripoto, Mérida, Guarenas-Guatire y Galipán, principalmente.
El sueño de Icaro A diferencia de los paracaídas y de los parapentes, el ícaro es una estructura rígida. En palabras de Julio César Castro, coordinador de la Escuela de Vuelo Cross Country, se trata de un planeador donde el único motor es el cuerpo humano. "Es lo más cercano a volar, pues en el caso del paracaídas el tiempo de suspensión en el aire es poco. Además, es algo muy instintivo, se siente, la naturaleza te indica lo que tienes que hacer". Tanto así que Julio César considera a los zamuros como los mejores compañeros de vuelo. "Donde están es señal de que ahí se puede volar". El ícaro es muy sensible y responde al menor movimiento del cuerpo, que se encuentra en posición horizontal. Asimismo, es un sistema seguro, dado que se trata de una estructura rígida capaz de absorber impactos. En cuanto al riesgo, Julio César Castro es de los que piensa que el peligro lo pone la persona. "En 14 años de experiencia nunca he tenido un accidente que lamentar. Me parecen más peligrosos un par de patines en línea". De acuerdo con este instructor, todas las personas "mentalmente estables", están en capacidad de volar. "El vuelo libre implica mayor responsabilidad. No se trata de algo difícil sino abstracto, porque el cielo no es el hábitat normal del ser humano y lo importante es adaptarse al medio, una vez ahí, volar es fácil", indicó Castro. Las personas aprenden con facilidad, generalmente tres fines de semana son suficientes para aventurarse. Luego queda practicar, que es lo único que hace ganar experiencia. El ícaro permite volar acompañado, en la modalidad tanden. Asimismo, se puede despegar desde casi cualquier ladera, corriendo o gracias a una grúa de remolque. En cuanto al regreso a tierra, Castro enfatizó que se trata de un aterrizaje y no de una caída.
Ultraventura en el cielo Si se comparan los primeros modelos de avión con los ultralivianos se descubre que las diferencias no son muchas, pero la idea sigue siendo la misma: planear. A diferencia de las disciplinas anteriores, el ultraliviano no es una modalidad de vuelo libre, porque utiliza un pequeño motor de dos tiempos; se trata de una práctica que reúne los principios de la aerodinámica a su forma más sencilla; en fin, hablamos de un avión simplificado. Al igual que el ícaro, consta de una estructura rígida de aluminio en la que la persona se encuentra sentada y puede tener un pasajero. Asimismo, se opera a muy baja velocidad y ofrece un alto rango de seguridad. Para Jimmy Marull, pionero de los ultralivianos en Venezuela, estos reinventaron la aviación, fue como ir de nuevo a los orígenes. De acuerdo con Marull, todo lo que una persona necesita para aprender debe tenerlo en pares: "Dos ojos, dos brazos, dos piernas y dos dedos de frente". A él no le gusta hablar de peligro. "Existe una diferencia entre riesgo y peligro, y en este tipo de actividad el riesgo es controlado en la medida de la capacidad y la experiencia de la persona". Para Marull lo más importante es el entrenamiento, ya que la persona antes de volar debe tener muy claro por qué, cómo y cuándo vuela el sistema. En este punto es importante quién brinda la información y en líneas generales aprender a volar ultraliviano se lleva unos cuatro fines de semana. Marull, piloto con casi treinta años de experiencia, aseguró que el vuelo no es para todo el mundo. "Muchas veces la gente se acerca sólo para experimentar algo diferente y si lo que necesita es drenar adrenalina lo mejor es que se tire en benji". Asimismo, Marull goza de un récord Guinness por haber atravesado una caverna del Autana con su ultraliviano. "Es una máquina voladora muy gentil, supersegura y noble. No hay otro como él", aseguró Jimmy, quien se ha montado en todo lo que vuela. Y es que, para este veterano del aire, volar es vivir.
Una aproximación Si lo que se quiere es experimentar la sensación de vuelo, pero sin despegarse mucho de la tierra, existen dos buenas alternativas como son el benji y el túnel de viento. El primero es una caída libre controlada la persona se amarra a una cuerda elástica sujeta a una estructura sólida y salta, el segundo asemeja la sensación de estar suspendido en el aire cuando se es lanzado en paracaídas. El benji tuvo su clímax a finales de los ochenta cuando un grupo de franceses instituyó la disciplina en el país. En Venezuela, el teleférico de Mérida, el parque Los Chorros, el viaducto Guarenas-Guatire y más recientemente Playa El Agua, en Margarita, son algunos de los sitios por donde el benji ha dejado su estela. Existen diferentes tipos de estructuras de las cuales se puede saltar, como son los puentes, los teleféricos, las grúas fijas o pasarelas como la de Parque Central. En lo que respecta la altura, la sensación es emocionante a partir de los 10 metros. Claro, hay distancias de 70, 100 y hasta 140 metros. El sistema resulta seguro, el material elástico ha sido estudiado y tratado, y hasta se le han practicado pruebas de laboratorio. Los mecanismos de seguridad están acordes con las normas internacionales, de modo que el equipo va por triplicado; es decir, aparte del arnés de la cintura, la persona tiene una bota en cada pierna (unidas entre sí y a la cabeza del benji). Si por alguna razón uno de los sistemas falla, quedan los otros dos. Es más, con una sola bota una persona puede saltar, porque están diseñadas para aguantar todo el peso del cuerpo. Por otra parte, antes del lanzamiento se chequea a la persona tres veces, al tiempo que se le da un minicurso minutos antes del salto. La sensación que se tiene es de caída libre hasta que la liga recoge a la persona. No se trata de un violento jalón, sino de algo muy suave. El túnel de viento o Cero Gravedad, por su parte, es una especie de simulador que proporciona diversión o entrenamiento para el salto en paracaídas, pues recrea una situación similar. La estructura fue concebida por dos venezolanos: Silvia Consolini y Carlos De Bei, y consiste en un motor que genera un columna de aire constante sobre la que se puede volar y hacer piruetas, pero sin caer. La estadía en el túnel de aire no puede ser muy larga, ya que resulta una experiencia bien agotadora. Adicción extrema El estereotipo de una persona que practica las llamadas disciplinas
extremas describe a un individuo alocado, arriesgado y muy audaz.
Que no teme al peligro, mejor dicho, ama al peligro. Sin embargo, este tipo de actividad requiere de mayor conocimiento
y conciencia que cualquier otra, ya que el riesgo se incrementa
por la velocidad o la altura. Algunos científicos han determinado que esta pasión por el peligro
puede tener una raíz fisiológica; o sea, que se encuentra relacionada
con los niveles de determinadas sustancias como la adrenalina
o ciertos neurotransmisores que hacen que algunas personas sean
más audaces que otras. Por otro lado, a través de estudios se ha comprobado que la enzima
MAO pudiera ser la responsable. Personas con niveles muy bajos
de esta sustancia buscan compensar el desequilibrio de alguna
manera, ya sea con emociones fuertes o con algún tipo de estupefaciente. Reglas de oro Todos los entrevistados coinciden en que antes de acercarse a
una de esta disciplinas lo mejor es informarse previamente y seguir
los siguientes consejos al pie de la letra: - Realmente, tener deseos de hacerlo y no estar bajo algún tipo
de presión familiar o de grupo de amigos. - Recibir instrucción. - Buscar una escuela o un experto para aprender las técnicas básicas
y recibir la orientación pertinente. - Nunca ser autodidacta. - No volar solo cuando se es principiante. - Ser cuidadoso a la hora de comprar el equipo, ya sea nuevo o
usado. Adquirir lo necesario y estar muy pendientes del modelo.
En el caso del parapente, o de los ultralivianos, existen algunos
tipos muy peligrosos. Los expertos Aunque resulte desconocido para muchos, Venezuela tiene un excelente
nivel en vuelo libre. De hecho, nombres como Leopoldo Turco (en
parapente) y Charles Dittman (en ícaro) son reconocidos a escala
internacional por haber logrado importantes puestos en pruebas
mundiales. Por otra parte, el país posee condiciones excelentes para llevar
a cabo competencias internacionales de vuelo libre. En Venezuela,
específicamente en La Victoria, se realiza anualmente una Válida
de la Copa del Mundo en Parapente. La mayoría de las personas que se dedican a las disciplinas extremas
o no tradicionales se conocen entre sí y muchos de ellos han pasado
del ícaro al parapente y de ahí al paracaídas, al ultraliviano
o al benji. Asimismo, existe una Asociación de Vuelo Libre que
agrupa a las escuelas y cuyos integrantes pueden facilitar información
sobre la materia (contactar a Luis Manuel Aulestia por el teléfono
(02)286-4469) Los interesados también pueden llamar a: -Cliff Caída Libre. International Free Fall (escuela de paracaidismo).
Sus instructores tiene licencia norteamericana. -Miguel Martínez. Aunque no es instructor, brinda asesoría en
cuanto a cursos y equipos de parapente, benji y túnel de viento. -Cross Country. Escuela de ícaro. -Jimmy Marull. Ultralivianos, aviones monomotor, helicópteros,
parapentes, alas deltas y globos de aire caliente. -YCC. Escuela de Parapente. -Elena Ceballos. Organización de eventos y competencias. -Túnel de Viento |
![]() |
Diseño por Alcides León PRODUCTO LIGHT es una publicación del Grupo Editorial Producto Piso 7, Torre ACO, c. Orinoco, Las Mercedes, Caracas, Venezuela FAX +58 2 991.31.32 TELF. +58 2 993.50.11 email:light@infoline.wtfe.com |