Alergias

Las alergias son una respuesta anormal de defensa del organismo ante la presencia de agentes extraños que normalmente no afectan al común de las personas, pero que sentencian a aquellos sensibles a un mundo de negaciones y enfermedades perpetuas. Sin embargo, un correcto diagnóstico y tratamiento de la dolencia permite tomar las riendas del problema hasta lograr una vida absolutamente normal

Estornudos frecuentes, obstrucción de las vías respiratorias, ataques de asma, reacciones cutáneas ante los factores ambientales o a la simple picadura de un mosquito, quizás de una abeja, sin descartar algunos alimentos que se deban erradicar de la dieta diaria para evitar las terribles consecuencias, todo eso y mucho más implica el ser alérgico; sin embargo, este problema no es una sentencia irrefutable que limita la calidad de vida de la persona hasta casi llevarla a vivir dentro de una burbuja aséptica de cristal.

Los motivos de las alergias son multifactoriales, aunque el componente genético resulta crucial en su aparición, pues si uno de los padres es alérgico, la probabilidad de que sus hijos sean alérgicos ronda entre 20 y 30 por ciento, mientras que si los dos padres padecen el problema, el porcentaje se incrementa 50 ó 60 por ciento, explicó Fernán Caballero, investigador, médico alergólogo e inmunólogo del Centro Médico de Caracas y Centro Médico Docente La Trinidad.

Los motivos multifactoriales se encuentran en el ambiente y están divididos en agentes causales y precipitantes. Los causales pueden ser infecciones virales, mientras que los precipitantes son los irritantes, tales como contaminación, ácaros, polvo doméstico, polen, hongos, animales y humo de cigarrillo.

Las alergias se deben a un factor genético que, combinado con los incitadores ambientales, desencadena una respuesta agresiva por parte del organismo ante la incursión de agentes externos. Si bien este proceso en, líneas generales, es normal, cuando el sistema inmunológico no puede definir cuál agente es bueno y cuál es nocivo y rechaza por igual a todo ente foráneo de manera agresiva, el individuo percibe todos los cambios estructurales que efectúa el sistema inmunológico para defender al organismo, los cuales son conocidos como alergia, señaló Samuel Malka, alergólogo del Hospital de Clínicas Caracas y presidente de la Sociedad Venezolana de Alergia, Asma e Inmunología.

El sistema inmunológico de las personas alérgicas produce un tipo especial de anticuerpos llamado inmunoglobulina E (IgE), que puede reaccionar de forma perjudicial frente a los alergenos; es decir, sustancias que desencadenan las alergias. Casi todas las partes del cuerpo pueden ser afectadas por las alergias y reciben el nombre de órgano de choque u órgano sensibilizado. Los puntos más comunes son la piel, ojos, oídos, tracto respiratorio y gastrointestinal.

Las alergias más comunes son la rinitis alérgica estacional, rinitis alérgica perenne, asma, eczema o dermatitis atópica, urticaria o ronchas, dermatitis por contacto, alergias oculares, intestinales y en los oídos.

Las alergias a los alimentos y medicamentos son mucho más raras de lo que la gente piensa –además de que no existe un método definitivo para determinar las alergias a los alimentos–, pues más de 40 por ciento de las personas encuestadas por los investigadores en torno al tema piensan que son alérgicas a algún alimento o medicamento y lo evitan, porque en alguna oportunidad reaccionaron con una intoxicación frente al elemento en cuestión y se confundió con una alergia. Lo que sucede en estos casos es que el alimento o medicamento funcionó como un irritante.

 

El mal entra por la nariz

Las alergias del tracto respiratorio son las más frecuentes dentro de la población alérgica; sin embargo, no todos los contaminantes atmosféricos desencadenan la reacción con la misma facilidad. Los que producen más asma son el humo del cigarrillo y el humo de los carros, mientras que la contaminación que emanan las chimeneas de las fábricas no suele ser tan agresiva para las personas sensibles, a la vez que la calina que cubre eventualmente los cielos de las grandes capitales, si bien resulta otro poderoso irritante o precipitante, no es una causa directa de asma.

El principal causante de asma en el mundo es el ácaro, un insecto arácnido microscópico que vive en condiciones ideales por encima de 50 por ciento de humedad. Según informó Caballero, en un estudio realizado en el Centro Médico Docente La Trinidad, quedó demostrado que más de 90 por ciento de los pacientes con alergias la sufren a causa de los ácaros, mientras que entre 10 y 15 por ciento son alérgicos a las gramíneas y sólo un 5 por ciento a los mohos. El porcentaje de personas que se suponen son alérgicas a los alimentos no llega a 10 por ciento.

Cabe destacar que se da el caso de personas que reaccionan ante alergenos de forma tal que se puede pensar que se padece un cuadro alérgico. Lo que sucede es que muchos individuos son sensibles a ciertos agentes irritantes (por ejemplo, el humo del cigarrillo), los cuales producen síntomas muy similares a los de las alergias. La diferencia radica en que estos cuadros que se parecen a las alergias son de corta duración, aparecen eventualmente y desaparecen con tratamiento, mientras que la persona alérgica carga con su padecimiento crónico a cuesta, si no recibe un tratamiento adecuado.

Ahora bien, en el caso específico de las alergias, hay que aclarar que la intensidad de las mismas resulta impredecible. Muchas veces, el agente que desencadena la alergia no es percibido por el sistema inmunológico de una forma agresiva, razón por la cual no se producen síntomas; mientras que en otras ocasiones, si la sensibilidad del organismo está estimulada por factores tanto externos como internos, se desencadena la sintomatología alérgica, que puede ser leve o severa, dependiendo de múltiples variables individuales. Por ejemplo, en el caso de los alimentos que producen sensibilidad alérgica, cuando se dejan de consumir por mucho tiempo, el organismo se hace benévolo y los tolera una que otra vez, pero se corre el riesgo de que en una de esas ingestas se desencadene el proceso alérgico.

 

Prevenir la crisis

Ante todo, Samuel Malka hace énfasis en la prevención primaria a temprana edad en aquellos pacientes susceptibles de desarrollar el padecimiento alérgico, con la idea de detener la marcha alérgica. Así se evita a futuro que la enfermedad se haga crónica, permanente e irreversible, con la consecuente mala calidad de vida en todas las edades, que se traduce en pérdida de actividades escolares, deportivas y laborales. De hecho, el asma, la obstrucción nasal por rinitis alérgica, sinusitis, urticaria, ronchas y eczemas –entre muchos otros trastornos– pueden ser controlados siempre y cuando se acuda a un especialista que realice una correcta investigación clínica de las causas del problema y aplique un tratamiento específico e individualizado. Este punto es por demás importante destacarlo, porque la sensibilidad alérgica de los pacientes no admite tratamientos generalizados.

Con la prevención primaria se busca evitar que la enfermedad se manifieste. Si esto no funciona o no se detecta el problema a tiempo, se debe proceder a la prevención secundaria para controlar la enfermedad.

En la prevención primaria se atienden tres factores: lactancia materna para aumentar la resistencia a las infecciones y madurar el tracto respiratorio y gastrointestinal del infante, evitación de los alergenos del medio ambiente a los cuales se expone al niño –humo de cigarrillo pasivo, polvo y ácaros domésticos, polen y contaminantes exteriores– y, por último, la vacunación específica contra múltiples enfermedades cotidianas.

En cuanto a la prevención secundaria, actualmente se acude a la inmunoterapia, que consiste en vacunas específicas para atacar los cuadros alérgicos (asma, eczema, rinitis, picadas de insectos) y que son elaboradas para el caso particular de cada paciente.

 

Detección temprana

Para un correcto diagnóstico a temprana edad es vital que la madre transmita al médico las mínimas manifestaciones de síntomas. Un indicio de algún problema alérgico en un niño es el "silbido" del pecho al respirar, que bien puede responder a algún problema viral que, una vez descartado, puede encaminar el diagnóstico hacia algún padecimiento alérgico. También se debe estar alerta cuando los niños respiran por la boca y presentan exceso de mocosidad nasal.

En lo que respecta a la piel, es muy fácil detectar síntomas alérgicos, pues el niño presenta erupciones en las mejillas, eczemas en los antebrazos, corvas de los pies, cuello y detrás de las orejas. Y si se trata de alimentos, cuando lo ingiere presenta vómitos, cólicos y diarrea.

En el caso de los niños pequeños, el examen físico y la historia clínica suelen ser determinantes para diagnosticar la enfermedad; sin embargo, también se acude a pruebas específicas como test de laboratorio. La evolución y el pronóstico de los cuadros alérgicos suele ser satisfactorio en todo niño menor de siete años de edad que recibe atención y tratamiento adecuado, hasta el punto de que puede llegar a la edad adulta sin la enfermedad. Una vez superados los siete años de edad con persistencia de la enfermedad, es factible que la alergia desaparezca espontáneamente o, por el contrario, llegue a la cronicidad.

Para determinar las razones de las alergias en una persona se practican pruebas de piel, que es la forma adecuada de diagnóstico de las alergias, señaló Fernán Caballero. Estas pruebas consisten en colocar diversas sustancias sospechosas (alergenos) en la piel del individuo, hacer un pequeño pinchazo que levante la capa superficial de la misma y esperar unos 15 minutos para apreciar las reacciones a nivel de la piel (sin que se desencadene una alergia general).

También existe un sistema bastante novedoso conocido como multitest, que aplica varias muestras sobre la piel de una sola vez y que sólo requiere de una ligera presión sobre la zona. En lo que respecta a las alergias del sistema respiratorio, estas pruebas son ciento por ciento confiable; en cambio, para los alimentos, pueden arrojar resultados contradictorios, lo que se conoce como sensibilidad asintomática. Tradicionalmente, se piensa que las pruebas cutáneas no se deben hacer en niños menores de cinco años; no obstante, se ha demostrado que es viable practicarlas hasta en niños recién nacidos.

En el caso de las alergias a insectos, la prueba es intradérmica; es decir, se inyecta al paciente una pequeña porción del veneno en cuestión.

 

Doblegar el mal

En lo que se refiere a tratamientos, existen medicamentos controladores y de mantenimiento.

Los más importantes en el caso del asma, por ejemplo, son los preventivos antinflamatorios, de los cuales los más efectivos son los de presentación inhalada. Según Caballero, los medicamentos inhalados son mucho más eficaces que los administrados por vía oral, pues los jarabes antialérgicos, si bien bloquean al receptor de la sustancia que provoca los síntomas más típicos de alergias (picazón, secreción) no son muy efectivos para los problemas asmáticos. En el caso de las alergias relacionadas con la ingesta de alimentos, el tratamiento se remite al hecho de evitar los mismos.

Ahora bien, una vez que el paciente no responde al tratamiento médico adecuado, los especialistas recomiendan vacunar. La vacuna antialérgica hace que la respuesta del sistema inmunológico sea lo menos agresiva posible cuando el individuo se expone a los agentes alergenos.

Estas vacunas no afectan la efectividad del sistema inmunológico del individuo para responder oportunamente a las enfermedades, sino que modulan el área específica del sistema inmunológico responsable de la reacción alérgica. Y con el bloqueo a la reacción alérgica, los otros mecanismos inmunológicos tienden a estabilizarse porque ya no se presentan ataques repetitivos de enfermedades asociadas con las alergias.

Las vacunas son específicas para cada alergeno y son preparadas de acuerdo a la sensibilidad del paciente. En cuanto a la periodicidad de su aplicación con el fin de bloquear la reacción alérgica –es decir, en la etapa inicial del tratamiento–, se inyectan cada ocho, diez y quince días durante los tres primeros meses. Después la aplicación se distancia a 20, 25, 30 días, dos meses. En estos casos debe mantenerse el control por un período prolongado de tiempo de uno, tres o cinco años, dependiendo del de cada persona.

Caballero enfatizó que la vacunación sólo debe ser administrada en aquellos cuadros en los que el tratamiento con medicamentos para controlar los ataques debe ser permanente o cuando el paciente tiene muchos problemas con la ingesta de los mismos.

Por esta razón, sólo 10 por ciento de sus pacientes reciben inmunoterapia, ya que resulta extremadamente raro que 40 ó 50 por ciento de los pacientes de un alergólogo no mejoren con un tratamiento medicamentoso adecuado y necesiten a la vacunación.


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