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Disfunción eréctil Para muchos, la mal llamada impotencia sexual es un asunto de vida o muerte, un verdadero dilema masculino que se ubica en la frontera de lo científico, lo sicológico y hasta lo afrodisíaco. Envuelta en temores, tabúes, mitos y leyendas, esta común afección de la máquina del "amor" sí tiene cura y es mucho menos misteriosa de lo que se cree |
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Si a los niños se les asusta con el coco, a los hombres se le hace lo mismo con la palabra impotencia. Y es que no hay nada que les cause mayor temor luego está la calvicie que sentir que su poderío sexual no responde a los mandatos de su mente y sus deseos. De acuerdo con Marcelo Seeman, médico urólogo, la disfunción eréctil, o impotencia sexual (este último término en desuso por el carácter peyorativo del mismo), puede ser definida, en un sentido amplio, como "la incapacidad de mantener relaciones sexuales satisfactoria para el hombre y su pareja". En un sentido más estricto, el doctor Anselmo Palacios, endocrinólogo y especialista en andrología, afirmó que "es la deficiencia para mantener una erección que permita al pene la penetración". Claro, esto puede ocurrir incluso hasta en los más jóvenes o más sanos de forma ocasional a causa del estrés (el gran culpable de los males de finales de siglo). En tales casos no se trata de impotencia, sólo se puede hablar de una disfunción cuando el lamentable suceso se repite con cierta y antinatural frecuencia. Claro que la afección es mucho más compleja de lo que parece, porque no sólo tiene componentes orgánicos, sino también sicológicos. Sin duda, una cuestión de virilidad, pero también de pareja.
Cinco sobre cinco
Algunas veces la medición de la erección se realiza en porcentajes sobre 100 por ciento, que sería lo máximo, y de allí se le califica como pobre, mediana y buena. Pero, ¿cómo saber si realmente la erección es buena? En principio, si el hombre y su pareja están satisfechos, y luego de acuerdo a la apreciación del urólogo, aunque actualmente se encuentran técnicas de medición más objetivas que ayudan a los especialistas a determinar la causa de este mal. Si la disfunción ocurrió en una semana de mucho trabajo o agotamiento, pero después se sostuvo una relación satisfactoria, no hay por qué preocuparse, probablemente era sólo estrés. Es importante aclarar que el órgano sexual masculino tiene por razones de fuerza de gravedad una relación inversamente proporcional a la edad. Es decir, a medida que pasan y pesan los años las cosas se inclinan en contra del hombre. Pero no sólo la edad es causa de la disfunción eréctil; de hecho, no son los años los que afectan sino ciertas enfermedades que traen consigo. Por lo general, explicó el doctor Seeman, las causas de esta dolencia tienen diferentes orígenes: sicológico, endocrino, vascular o cavernoso. Para Palacios, las causas en orden de frecuencia son el estrés o ansiedad, las diabetes y la hipertensión. A menudo el tabaquismo y los altos niveles de colesterol en la sangre también se asocian con la disfunción eréctil; y es que como cualquier otro miembro del cuerpo irrigado de sangre tiende a sufrir de las mismas enfermedades de orden vascular. Por todas las causas anteriomente nombradas, tanto Seeman como Palacios afirmaron que esta enfermedad debe ser abordada de forma multidisciplinaria por urólogos, endocrinólogos, sicólogos o sexólogos, y hasta cardiólogos.
Pene, penita, pena Una bomba hidráulica es el mejor ejemplo para describir el funcionamiento del pene, y a partir de allí entender el porqué de su disfunción. A cada lado del pene se encuentran los cuerpos cavernosos, llamados así por la gran cantidad de cavernas que poseen y que son una suerte de esponja que al llenarse de sangre se agrandan y por consiguiente el miembro sube. De una u otra forma, todos los sistemas del organismo participan en esta acción: desde los nervios hasta las hormonas, pasando por las arterias y los músculos. Entre las causas hormonales que son poco frecuentes, pero existen, Anselmo Palacios enumeró la deficiencia de testosterona, los casos de atrofia testicular (causada comúnmente por las paperas) y los tumores en la hipófisis o productores de prolactina, que aunque benignos también pueden afectar la calidad de la erección. En relación a las hormonas, Palacios aseguró que hay que tener mucho cuidado con ellas, un aumento inducido de los índices de testosterona puede traer como consecuencia un aumento del deseo pero no de la erección, lo que colocará al paciente en un estado de ansiedad muy grande y negativo que aumentará su impotencia. Por su parte, Seeman señaló las causas de tipo vascular: sí, el pene también puede sufrir de arteroesclerosis que no es más que el endurecimiento de las paredes de las arterias, así como de cualquier otra enfermedad que afecte los vasos sanguíneos. Agregó el galeno que actualmente algunos estudios señalan que más allá de la cantidad de sangre que puedan aportar las arterias, importa la calidad de los cuerpos cavernosos que regulan la entrada y salida de la sangre. Por otra parte, entre los hombres diabéticos la tasa de disfunción eréctil puede llegar hasta 50 por ciento, ya que esta enfermedad trae como consecuencias lesiones en el sistema nervioso que controla la segregación de hormonas y en las arterias. En cuanto al estrés, el doctor Palacios afirmó que existe una neta relación entre el estrés sostenido y la disminución de la calidad eréctil; eso se debe a que en estado de estrés sostenido se liberan unas sustancias denominadas catecolaminas (adrenalina o nodralenanina), hormonas que mantienen el organismo en alerta y que son producidas por el sistema simpático para mantener la presión arterial alta. Estas hormonas son vasoconstrictoras, es decir, cierran los vasos sanguíneos incluyendo los de los cuerpos cavernosos que al no llenarse de suficiente sangre no producen la erección. "Esto no es disfunción eréctil, sino una disminución de la calidad eréctil en relación con el estrés", afirmó categórico Palacios.
Expediente V Antes de la aparición de Viagra, nombre comercial bajo el cual se conoce al sildenafil, también se llevaban a cabo eficaces tratamientos contra la impotencia y que aún hoy se consideran válidos. Quizá la verdadera revolución de Viagra es, según Seeman, que se trata del primer tratamiento oral para esta enfermedad. Si las causas son de tipo hormonal, la terapia se hará a base de las hormonas que haga falta suplir; mientras que si es el caso de un tumor en la hipófisis, se corregirá vía medicación o de forma quirúrgica. Si en cambio el origen se ubica en el campo de lo orgánico, como una lesión vascular, se pueden utilizar algunas sustancias inyectadas directamente en el pene, como la papaverina o la prostaglandina E1, que no son más que vasodilatadores y permiten que los cuerpos cavernosos se llenen correctamente de sangre. Otro de los tratamientos para lesiones vasculares es una suerte de palillo que se introduce en la uretra y segrega proctaglandina E1, consiguiendo el efecto de las inyecciones sin necesidad de la aguja. Finalmente, llegó el sildenafil, que a diferencia de las terapias anteriormente mencionadas puede ser ingerido de forma oral, y actúa disminuyendo las concentraciones de calcio dentro de los cuerpos cavernosos, para lograr que estos se relajen y puedan llenarse de sangre más fácilmente. Sin embargo, como cualquier otro tratamiento médico, necesita de supervisión, ya que se han dado casos de hombres que presentan erecciones por más de seis horas, lo cual trae como consecuencia lesiones en el pene, que necesitan de atención quirúrgica inmediata. Por eso, si de Viagra se trata, se aconseja un máximo de una al día. Es muy importante destacar que esta sustancia no es la cura milagrosa de la inapetencia sexual o de la eyaculación precoz. Por otra parte, si un hombre normalmente tiene buenas erecciones, los medicamentos no van a lograr que traspase la frontera de la verticalidad. Tanto Seeman como Palacios afirmaron que estos tratamientos farmacéuticos, además de la supervisión médica, requieren un mínimo de calidad cavernosa, lo que se traduce en un buen estado de dichos cuerpos cavernosos y de las arterias que sirven al miembro masculino, de lo contrario hay que recurrir al bisturí. Los procedimientos quirúrgicos se pueden dividir en dos: los que utilizan para insertar prótesis en el miembro y los de tipo reconstructivo. Aunque, claro, estos sofisticados tratamientos no servirían de nada sino se tiene una buena pareja por delante.
Una buena compañía Un hombre puede tomar sildenafil, puede inyectarse proctaglandina E1, o insertarse una prótesis, pero si carece de estímulo, nada pasará. Y es que en la mayoría de los casos la disfunción debe ser tratada entre dos, que son normalmente los involucrados en el acto sexual. Para Teresita González, médica internista y especialista en sexología, las causas sicogénicas y las causas orgánicas pueden presentarse a cualquier edad y hasta en forma conjunta, ya que se trata de un trastorno que ocasiona grandes dosis de ansiedad que se va acumulando paulatinamente y afectan los próximos desempeños. Los hombres demasiados ansiosos, con comportamientos obsesivos o que sufren de depresión, tienden a padecer de disfunción eréctil, ya que estos estados anímicos prolongados interfieren en la producción de ciertas hormonas y de la energía involucrada para realizar el acto. Por otra parte, González enumeró algunos trastornos de pareja que disminuyen la calidad de la erección como los siguientes: la fémina es demasiado exigente y el hombre siente no estar a la altura de lo esperado; por el contrario, es demasiado pasiva y el compañero carece de suficiente estímulo, cuando es virgen y el temor a hacerle daño o tener esa responsabilidad lo inhibe; miedo a contraer sida o cualquier otra enfermedad sexual o a un embarazo no deseado. Otros tipos de disfunción se presentan cuando el hombre tiene más de una pareja y con la estable suele tener erecciones normales, pero con las ocasionales no, y viceversa. Teresita González explicó que la participación de la pareja es vital porque así se tiene otra visión del problema, y además porque muchas mujeres sienten que el fracaso de su compañero es por su culpa. Esto no significa que aquel que no tenga pareja no se va a curar, también existen técnicas especializadas para ellos. Los tratamientos de índole sicogénicos se focalizan hacia la modificación de la conducta frente al acto sexual, posteriormente viene la etapa de rehabilitación que pasa por las etapas de relajación, sensibilización y contracondicionamiento. Para esta especialista lo fundamental es establecer las causas y aplicar el tratamiento correcto. "No existe una fórmula, cada paciente es un caso diferente que debe ser tratado como tal; por lo tanto, no todas las terapias darán el mismo resultado en todos los hombres", aseguró González. Lo importante en esta enfermedad como en cualquier otra es que sea tratada a tiempo y por especialistas en la materia, porque en el amor y el sexo todo se demuestra con hechos. |
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