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Ulceras y gastrítis Acidez, sensación de ardor y dolor en el abdomen son las señales de alarma más comunes con las que el estómago reclama nuestra atención después de algún exceso en las comidas, pero también pueden ser los síntomas del daño que ocasiona una singular bacteria en el tracto digestivo |
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El estómago es el principal órgano de impacto que recibe lo que se come y se bebe; por tanto, es vulnerable a padecer ciertos transtornos relacionados con algunos alimentos o infecciones que desencadenan síntomas como acidez, dolor en la parte superior del abdomen o sensación de ardor que sólo pueden ser mitigados al ingerir antiácidos o sustancias no alcalinas, como la leche. Este cuadro de dolorosas sensaciones puede asociarse con una gastritis o una úlcera, lesiones muy frecuentes en el tracto digestivo que son tan comunes como las caries. De acuerdo con el doctor Víctor Bracho, médico gastroenterólogo de la Clínica San Pablo, una gastritis es una inflamación de la mucosa gástrica que recubre internamente las paredes del estómago. Mientras que una úlcera es definida por Leopoldo Pérez Machado, médico gastroenterólogo de la Policlínica Santiago de León, como la pérdida local de la mucosa del tracto digestivo a cualquier nivel del mismo y que puede lesionar hasta la capa muscular. Ambos trastornos pudieran aparecer juntos o separados; asimismo, las lesiones varían de acuerdo al tipo de afección y su gravedad.
Un enemigo oculto
Para constatarlo en carne propia, el doctor Barry Marshall así se llama el galeno en cuestión se bebió el contenido de un tubo de ensayo con organismos llamados Helicobacter Pylori que eran, de acuerdo con su experiencia, los verdaderos culpables de las úlceras. Pocas semanas después el presentimiento de Marshall se transformó en molestias estomacales, mientras que la endoscopia descubrió en su estómago la inflamación conocida como gastritis, que acompaña a casi todas las úlceras.
¿Alguna duda? Al principio, Barry Marshall fue el hazmerreír de los congresos y sus colegas no lo tomaban en serio, hasta que una prestigiosa revista médica inglesa publicó los artículos sobre sus hallazgos y algunos importantes laboratorios comenzaron a realizar sus propias investigaciones que corroboraron lo planteado por Marshall. Lo que hacía dudar de la teoría de Marshall era que los ácidos gástricos son capaces de disolver desde gérmenes hasta clavos de hierro y, sin embargo, constituyen un hábitat excelente para la H. pylori. Aunque este ácido es tan fuerte, las paredes del estómago tienen una mucosa que lo protege y que la bacteria debilita, a su vez, creando así la úlcera. El H.pylori es un microorganismo que se propaga en ambientes de poca salubridad o hacinamiento y, por tanto, es muy frecuente en países de bajo desarrollo sociohigiénico como Venezuela. No obstante, esto no significa que en países desarrollados no aparezca la infección, lo que sucede es que no es común encontrar individuos infectados de muy corta edad. Incluso en algunos casos la bacteria puede permanecer en el tracto digestivo sin producir síntomas. Según la publicación Fortune Américas, la H. pylori es una de las infecciones más frecuentes y se calcula que 90 por ciento de los casos de úlcera tienen este origen bacterial.
Otras causas
En el caso del hábito de fumar, la nicotina ejerce una acción irritante en la mucosa gástrica, ya que el humo es deglutido al fumar. "Los estudios estadísticos han determinado que el fumar es un factor condicionante de aparición y reincidencia de la enfermedad úlcero-péptica, de gastritis y esofagitis", afirmó Pérez Machado. Agregó el doctor Víctor Bracho que el cigarrillo "disminuye los factores de defensa del estómago y dificulta la cicatrización de la úlcera". En cuanto a la ingesta de medicamentos de tipo antiinflamatorios no esteroideos (AINE), generalmente esta clase de fármacos se utiliza para tratar enfermedades como la artritis y entre sus componentes se encuentran sustancias como el diclofenac, maproxen y piroxicam. Aclaró Pérez Machado que el daño es independiente de la forma como sean administrados los antiinflamatorios, bien sea por vía oral, inyección o crema. Entre otros factores condicionantes de la aparición de la úlcera están las emociones, la edad, el estrés y la dieta alimenticia. Por ejemplo, hay algunos alimentos como los que poseen alto contenido de grasas, o el café, que si bien no se consideran factores agresivos, se contraindican en el caso de gastritis y úlceras. Pero como no todos los organismos son iguales, cada persona debe tener en cuenta cuáles son los alimentos que le sientan mal.
Adiós al huésped indeseable Si los síntomas, sean cuales sean, se repiten y resisten los antiácidos, hay que acudir al especialista. Es importante aclarar que no hay que confundir un malestar estomacal pasajero de un día con una sintomatología que persiste. Explicó el doctor Bracho que lo importante es el diagnóstico. Primero se debe establecer la historia clínica del paciente, luego se le pueden realizar exámenes de laboratorio y una vez que se tenga la aproximación al diagnóstico, el médico decidirá el estudio pertinente; sea ultrasonido abdominal o endoscopia digestiva superior. Durante la endoscopia se debe tomar una muestra de los bordes de la úlcera y enviarla a patología con el fin de hallar la H. pylori, a la vez de descartar la posibilidad de un cáncer ulcerado. Una vez que se tenga el diagnóstico definitivo se procede a determinar el tratamiento, el cual tendrá como prioridad eliminar los factores que producen la enfermedad. Si la causa es la bacteria H. pylori hay que erradicarla cuanto antes, y, como con cualquier otra infección, el tratamiento a seguir es a base de antibióticos. De acuerdo con Pérez Machado, la mayoría de las úlceras se curan y rara vez reinciden cuando se combate la H. pylori. Para las personas que deben usar antiinflamatorios no esteroides se les recomienda tomar medicamentos a base de proctaglandina, que favorece la protección de la mucosa gástrica ante la disminución de la misma por la acción de dichos fármacos. En todo caso, aclaró el doctor Pérez Machado que hay que individualizar
al paciente. No existe dieta o tratamiento general, sino que se
debe atender a las necesidades de cada paciente. |
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