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Higiene bucal Desde tiempos remotos la boca ha sido considerada objeto de deseo
y devoción, a lo largo de la historia ha inspirado poemas, novelas,
a través de ella se habla, se come y se besa, entre otras cosas.
Eso sí, una boca perfecta va mucho más allá de unos labios bien
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¿Quién no se ha sentado alguna vez en su vida en la famosa silla del odontólogo, ya sea por curiosidad, control o molestia? Cuando llega la hora de visitar al dentista, la persona, con temor e impaciencia, espera la revisión minuciosa que revelará entre otras cosas la existencia o no de esos siniestros huéspedes conocidos como caries y cálculo. Qué alivio se siente cuando la búsqueda resulta infructuosa y qué desagradable cuando aparecen las caries. Lo peor viene después, cuando el dentista enseña su instrumento de trabajo más útil, su arma más preciada y temida a la vez: la fresa, mejor conocida en los bajos fondos del dolor como el "taladro". Entonces empiezan los juramentos: cepilladas de dientes después de cada comida no importa si ha sido un chicle, hilo dental en la cartera, palillos y enjuagues bucales a toda hora. Todo con el firme propósito de no ver al taladro más nunca en la vida. Aunque esta dramatización parezca exagerada, lo cierto es que prácticamente todo el mundo ha padecido alguna vez de esta enfermedad, considerada la más común y una de las pocas que no perdona sexo, edad, raza ni condición social. Pero quizá lo más retorcido del asunto es que no se presenta una vez y desaparece porque se crean anticuerpos que impiden que regrese el mal. La lucha contra la placa bacteriana así se llama el enemigo en cuestión se libra todos los días, cepillada tras cepillada, porque, por una parte la higiene bucal es un asunto prioritario de salud, y por la otra las caries no pierden tiempo.
Vivir con el enemigo De acuerdo con el odontólogo Iván Moncada, la higiene dental consiste en esa "serie de pasos, hábitos o métodos que tienen como fin último erradicar la placa bacteriana, principal causante de las caries y el cálculo o sarro dental". Para la odontóloga Marlene Mayorca, una efectiva higiene bucal comienza en el consultorio con una correcta explicación sobre lo que es la placa bacteriana o mundo microbiano que habita en la boca y que puede desmejorar la salud bucal. Así el paciente aprende a reconocerla y entiende el daño potencial de la misma. La placa bacteriana es un enemigo silencioso y se presenta en forma de colonias de microorganismos agrupados en una suerte de película que se adhiere en principio a la superficie dental. No duele, no tiene olor y sólo es posible verla con ayuda de colorantes o contrastes. Como en el resto del cuerpo humano, en la boca existen microorganismos que habitan naturalmente, pero que junto con los restos de alimentos ingeridos, la saliva y una falta de higiene adecuada, producen un coctel letal. Explicó Marlene Mayorca que básicamente "todos los azúcares y sus derivados en glucosa son los responsables de iniciar la cadena de la placa bacteriana". Cuando se ingiere dulces o carbohidratos (alimento favorito de estas bacterias) y se metabolizan, queda como desecho el ácido láctico, que es el responsable de desmineralizar al diente. La caries es "una enfermedad bacteriana y multifactorial que ataca, desmineraliza y descalcifica el diente, mientras que el cálculo es la misma placa bacteriana pero en forma de masa adherida al diente, calcificada o en proceso de calcificación", explicó Moncada. La caries comienza atacando el esmalte que es la superficie más dura, para luego llegar progresivamente hasta la zona viva del diente; es decir, la pulpa dental, donde se encuentra el nervio, matándolo literalmente. El cálculo, por su parte, invade mecánicamente a los tejidos de soporte que no son otros que la encía y el hueso. Existen dos tipos de cálculo, el que se ve o supragingival, y el que no ve o subgingival, pero en ambos casos la encía suele inflamarse y sangrar. Mientras que la acción nociva de la caries es interna, la del cálculo es externa. Según Mayorca, una enfermedad no determina a la otra, pero se pueden dar casos en que las dos están presentes. Si no hay prevención ni curación, el cálculo se solidifica de tal forma que debilita la unión entre la encía y la pieza dental, el diente pierde su sostén y se cae aun cuando está sano, ocasionando la enfermedad periodental o piorrea. Esto sin contar el mal aliento, producido en líneas generales por la descomposición de residuos alimenticios que no han sido removidos efectivamente de la cavidad bucal, una caries muy grande o la presencia de sarro. Sin duda, la amenaza va en serio y no hay tiempo que perder.
Buenos hábitos y otras costumbres
De acuerdo con Mayorca, el cepillo está diseñado para que las cerdas se introduzcan en todos los nichos del diente y la encía, con movimientos vibratorios y de desplazamiento. Existen varias maneras de cepillarse los dientes; sin embargo, una de las más efectivas es la denominada técnica de Black, reseñada comúnmente en comerciales y folletos, y que consiste en colocar el cepillo en un ángulo de inclinación con respecto al eje del diente de 45°, se asumen tres piezas dentales o lo que pueda abarcar la cabeza del cepillo, y se realizan movimientos vibratorios por espacio de 10 segundos, así por todas las caras de los dientes, incluyendo las que dan hacia la lengua. En el caso de los molares se deben hacer movimientos de desplazamiento sobre la superficie que muerde. En total, son aproximadamente 15 minutos de limpieza. Parece demasiado, pero se recomienda llevarlo a cabo al menos una vez al día preferiblemente en la noche y adaptar algunos pasos de esta técnica a los otros cepillados con el fin de mejorarlos. Como la placa bacteriana trabaja en conjunto, con el correcto cepillado se logra raspar las uniones de microorganismos, de modo que al estar solos el daño es menor y las cantidades producidas de ácido láctico también disminuyen. La finalidad del cepillo es mantener lisa la superficie dental, porque mientras más pulida está, mucho más difícil es que se adhiera la placa bacteriana a la misma. Además, Mayorca sugiere que se cepille la lengua, que por ser una especie de esponja, también puede alojar bacterias. Aunque la técnica de Black no contempla el uso de pasta, no hay que desdeñar los beneficios de las cremas dentales, ya que éstas poseen flúor y en un país como Venezuela donde no existe la fluorización de las aguas, resultan aún mucho más recomendables. El flúor se une al elemento más importante del esmalte que es la hidroxiapatita, dándole al diente la capacidad no de ser "más duro" sino más pulido. Es decir, en dientes lisos no entran caries. Otra forma de obtener flúor es a través de aplicaciones tópicas directamente sobre la superficie, las cuales se llevan a cabo en el consultorio dental. El hilo dental, por su parte, es importante porque llega a esas uniones interdentales que el cepillo por sus características morfológicas no puede alcanzar. El uso del mismo también tiene su técnica, que de acuerdo con el doctor Iván Moncada, se asemeja a lustrar un zapato, ya que se adosa cada diente y se baja desde la parte superior hasta dos milímetros debajo de la encía, para luego subir. Si se conforma con pasar el hilo entre dientes se puede hacer daño y sólo se estaría removiendo los residuos alimenticios inmediatos, pero no se estaría arrastrando eficazmente a la placa. Por último están los enjuagues bucales, cuyos beneficios bactericidas no pueden pasarse por alto, ya que no sólo ayudan a "matar" a la población bacteriana, sino que mejoran el ph de la boca, que es normalmente ácido y favorece a las bacterias, llevándolo a uno más alcalino. Para Marlene, el enjuague es vital para las personas con enfermedad periodental, pero en pacientes sanos su empleo no es obligatorio. Ahora bien, el orden de uso de estos instrumentos presenta en primer lugar el hilo dental, luego el cepillo y posteriormente el enjuague bucal. Lo ideal es que estos productos trabajen en equipo para reforzarse mutuamente y así obtener los mejores resultados.
A lo hecho... pecho Sensibilidad a los cambios de temperatura, dolor o molestia al comer dulce, sangramiento después del cepillado, encías enrojecidas, lisas y brillantes, son algunos de los signos que indican que algo va mal en la boca y que se necesita de atención inmediata. Si la prevención no ha surtido efecto, entonces ha llegado la hora de la curación con tratamientos necesarios para erradicar al mal. En el caso de la caries sobre todo al principio cuando ésta ataca la parte más dura del diente, es decir, el esmalte, prácticamente no se siente, por esto es importante visitar con cierta frecuencia al odontólogo para localizarlas en su fase inicial. Según Moncada, muchas personas suelen asistir al consultorio cuando presentan dolor. "Lo que pasa es que se trata de enfermedades crónicas que tienen como característica no manifestar ningún tipo de molestia mientras van avanzando", aseguró el odontólogo. En el caso de la placa dental (fase inicial del cálculo), el procedimiento para eliminarla se denomina pulido o limpieza dental, el cual se lleva a cabo con piedra pómez en polvo, junto con un aparato especial para pulir la superficie dental. Cuando el sarro está más avanzado se realiza una tartrectomía con un instrumento especial que remueve el cálculo por vibración o ultrasonido . La caries necesita una escisión que se hace con el odioso taladro para limpiar las zonas invadidas del diente y luego obturarlo o restaurarlo con amalgamas o resinas (estas últimas bastante estéticas porque quedan del mismo color de los dientes). Y después de tanta angustia, ¡buenas noticias!, la odontología es uno de los pocos campos de la salud donde la prevención es efectiva, de modo que se puede ser un cero caries con la ayuda del odontólogo, a quien se recomienda visitar periódicamente a partir de la aparición del primer molar permanente, eso es alrededor de los seis años. Aunque algunos especialistas, como Mayorca, recomiendan hacerlo antes, a eso de 3 ó 4 años de edad para que las madres aprendan las técnicas y destrezas del cepillado y sepan transmitírselas a los pequeños a manera de juego. Indudablemente, mientras más temprano, mejor. |
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